La paradoja de la abundancia: por qué la molinería argentina enfrenta otro año complejo para conseguir trigo de calidad

La paradoja de la abundancia: por qué la molinería argentina enfrenta otro año complejo para conseguir trigo de calidad

20 mayo, 2026 De interés general 0

A pesar de las cosechas récord, los molinos deben agudizar el ingenio —e incluso importar— para abastecerse del trigo que necesitan. Diego Cifarelli, presidente de la FAIM, explica la brecha entre volumen y calidad que preocupa a la industria.

18 de mayo de 2026 

Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), eligió una frase que generó debate para describir la situación del sector: “la paradoja de la abundancia”. Lejos de aludir a una escasez real de trigo, la expresión apunta a algo más preciso y, en cierto modo, más preocupante: la dificultad creciente para conseguir el trigo de calidad que los molinos necesitan, incluso cuando la cosecha es récord.

“La paradoja de la abundancia no hablaba de la falta de trigo, sino que hablaba de las dificultades para originar determinados volúmenes y calidades que, en momentos puntuales del mercado, se hace difícil conseguir”, explicó Cifarelli. La aclaración apunta a despejar un malentendido frecuente: que una gran cosecha garantice automáticamente el abastecimiento industrial. “Muchas veces frente a una cosecha récord aparece la idea de que el trigo debería sobrar en cada molino”, señaló, “y realmente no es así”.

El problema estructural que subyace es la desconexión entre los incentivos del productor y las necesidades de la molinería. La industria molinera consume apenas el 25% del volumen total de trigo producido en el país, lo que limita su capacidad de influir en las decisiones agronómicas de los productores. “Por más que hagamos un trabajo enorme tratando de pagar esa prima adicional por proteína, por gluten, no la recibe la totalidad de los productores”, señaló Cifarelli. “Eso hace que el desencanto en función de buscar un trigo de calidad sea mayúsculo y el productor apueste más a productividad y no tanto al paquete tecnológico”.

Las cifras lo confirman: a lo largo del año, la molinería llegó a pagar hasta 300 dólares por tonelada de trigo de alta calidad —frente a valores de 260 a 280 dólares en períodos anteriores—, pero esas operaciones son acotadas y no logran visibilidad en el mercado. “El goteo, los volúmenes comprados son cortos, son chicos y no llegan a quedar demostrados en la pizarra porque el grueso es el trigo que se compra para exportación, que es un trigo prácticamente de forraje”, explicó.

De cara al ciclo que viene, el panorama no mejora. Según datos presentados por la Bolsa de Cereales, el volumen de producción esperado será menor y también lo será la calidad. “Va a ser un año complejo”, anticipó Cifarelli. “Es interesante el volumen que vamos a tener nuevamente, pero vamos a tener que agudizar el ingenio para poder seguir moliendo el trigo argentino”.

Ante ese escenario, la industria ya evalúa recurrir a importaciones puntuales, algo que el titular de la FAIM defiende como parte natural del funcionamiento del sector. “Si la molinería tenía que importar, como lo está haciendo, algo de trigo de otras latitudes, lo iba a hacer porque forma parte de la dinámica comercial de una cadena de valor madura que trabaja en libertad de mercado”, sostuvo. El destino de ese trigo importado sería la segunda industrialización —fabricantes de galletitas, pastas y panificados— que exige estándares elevados para satisfacer a un consumidor argentino que, según Cifarelli, tiene “paladar europeo para comer todos los carbohidratos”.

En materia de exportaciones de harina, el presidente de la FAIM reconoció una mejora, aunque acotada a un solo destino: Bolivia, que importa la totalidad de su harina desde Argentina y cuya recuperación económica relanzó la demanda. Sin embargo, la deuda pendiente sigue siendo la diversificación. “Argentina tiene potencial; hay 13 millones de toneladas para moler y molemos 6,5. Es una frustración enorme”, graficó. Y agregó que, si la industria pudiera moler mayores volúmenes, el impacto sería múltiple: “Cambiaría radicalmente no solamente la competencia del molino, sino que también le llegaría el derrame del precio de la prima” a los productores.

Con todo, Cifarelli optó por cerrar con una nota de pragmatismo. “Ya hay una gimnasia dentro de los molinos”, dijo, y subrayó que el sector tiene herramientas para afrontar las dificultades. “Lo más importante es tener la accesibilidad al trigo más allá de determinadas condiciones. Y si hay algún trigo en particular que no lo tenemos, lo iremos a buscar”.

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